Septiembre

Woody Allen concentrado. Nunca habia oido hablar antes de Septiembre, hasta que husmeando por su ficha de Director en IMDB me paré en el sugerente título de esta cinta, de 1987.

Septiembre es un drama contundente, una de esas complejas y arraigadas historias que Allen se pirra por hacer usando sus personajes más marcados (el neurótico, el inseguro, el escritor ligón, la personalidad arrolladora…). En este caso una serie de personas pasan un par de dias de fin de semana a finales de agosto en una retirada y encantadora casa de campo. La familia y algunos amigos avistan ya la llegada de un septiembre rutinario, de vuelta, seriedad y monotonia. Los problemas entre ellos van apareciendo poco a poco, sutilmente se va erosionando la fina capa de los personajes hasta que podemos ver traumas, sentimientos y recuerdos enclaustrados en el carácter de cada uno.

El filme tiene tres partes más o menos diferenciadas a priori. Es el primer dia, en el que están todos los personajes en la casa, de manera inocua, neutral, sirviendo al director a modo de presentación. Pocos personajes, la mayoria cultos y neuróticos, a saber, la protagonista y residente en la casa Lane (Mia Farrow) , su madre Diane (Elaine Strich), su amiga Stephanie (Diane Wiest) y el atractivo escritor Howard (Delholm Elliott). Los personajes son algunos de los que a tanto gusta Allen describir y usar y que se puede ver repetir a lo largo de su filmografia, sus tópicos personales o personajes predefinidos.

La situación cambia, una vez conocemos a los personajes, cuando se deciden a pasar una velada, que comienza escuchando buen jazz y bailando foxtrot en la casa con un adorable aire años veinte. Vino, conversación, algunas risas una noche de dura tormenta agradable. Hasta que la electricidad se corta, la casa queda a oscuras y el vinilo cesa su giro. En ese momento el ambiente se enrarece, las velas realizan su cometido de envolver la noche en un halo romántico el wiskhy desata lenguas, alienta decisiones y uno de los personajes tocando el piano se encarga de hacer que la música siga realzando dramáticamente el breve rumor de las conversaciones.

Durante esta segunda mitad central es donde, animados por el alcohol y el ambiente se van sucediendo una tras otras pequeñas revelaciones ya intuidas gracias al buen hacer de los actores (Maravillosa Mia Farrow en su papel traumático y desesperado). Uno a uno los personajes hablan sobre los otros, cambiando de parejas casualmente, mostrando sin demasiados tapujos su opinión sobre los demás, trazándonos un cuadro bastante claro de por donde van los hilos del pequeño argumento hasta que vuelve la luz.

Una vez por la mañana es donde el golpea el drama que ha estado fraguándose durante toda la noche. Las situaciones, los pequeños hilos, las historias desenlazan, se anudan para terminar chocando en una discusión, en momentos donde la tensión se rompe para convertirse en instantes violentos. La mañana, la luz y el domingo llegan junto al final del verano, al comienzo de septiembre, con toda la desesperación y melancolia que ello acarrea. Tras lo retorcido de la pena, la tensión y la tormenta, el espectador respira en la mañana cinematográfica, el aire limpio de la catarsis. Tras la lluvia.

Como he dicho anteriormente, el guión, con la clásica y bien conocida mano de Allen (que siempre diré que es más escritor que cineasta en si, sus cintas son siempre muy literarias) tiene la habilidad de sumergirnos sutilmente en la vida de los personajes, como quien desempolva una inscripción o desentierra un trozo de piedra, la magnitud de los problemas que sufren nos es mostrada paulatinamente, con buen gusto y sin tomar el pelo al espectador tomándolo por un idiota. No enuncia las situaciones como un guión de película barata, aunque ahi quizás también esté su mayor fallo, siendo una cinta prácticamente exclusiva para los admiradores del director y que estén habituados a su cine. Cuando comencé con las lineas “Woody Allen en estado puro” me referia a eso, a que quizás sea demasiado (y atención al “palabro”) “Alleniana” para un espectador usual que busque algo sencillo, no preste atención o simplemente piense adquirir un entretenimiento de fácil consumo que pueda digerir sin reflexionar, los seguidores de Rambo no obtendrán más que una historia de putos coquitos vestidos con chaquetas marrones y gafas horribles. Por esa hipotética pesadez, la cinta se queda en menos de lo que podria parecer tras lo que he dicho.

Muy recomendada para admiradores de Allen, para los demás, recomiendo que vean antes otros film del mismo director como pueden ser Delitos y Faltas , Manhattan, o Desmontando a Harry.

ARL

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Una respuesta to “Septiembre”

  1. […] Que grande es el cine en Manhattan. Cuando comenté un poco por encima Septiembre, hace unos dias, tenia pendiente en uno de mis repletos DvD’s cinéfilos una cinta más de este director, aguardando cual bala en la recámara. Esta otra cinta de Woody Allen es una de sus mejores comedias, y al hilo de lo que decíamos de Septiembre, también es una de esas historias tan típicas de Allen, tan propia de el que su estilo es francamente reconocible, de las que poseen su marca impresa. Una historia típica de Allen pero completamente inversa a Septiembre en todo sentido. […]

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