Secuestro Infernal (The way of the gun)

En una amena conversación entre colegas sobre Miami Vice, refiriéndose a los tiroteos, salió a la luz la película “The way of the gun” con dirección de Christopher McQuarrie , autor de aquel peliculón que sirvió para lucir a ese ‘pedasho’ de actor que es Kevin Spacey, osease “The Usual Suspects“. Uno, al ver, no solo semejante antecedente (porque este director aún solo tiene un par de películas) sino que la cinta está protagonizada por Benicio del Toro (que ya participó en “Usual Suspects” y bueno, que me cae bien desde 21 Gramos) y entre otros, Juliette Lewis (Ya apareció aqui con motivo de “Natural Born Killers“) pues está claro que la película hay que verla.

De manera que comencé el visionado de Secuestro Infernal, esperanzado, receloso y cagándome en los muertos del traductor, que sí, que puso un título acorde al tema de la cinta, pero el original está muchísimo más chulo, es completo, contundente, y el que no tenga traducción automática no lo invalida en español.
Pero atendiendo al cine, que es lo nuestro, comienza la cinta, Longbaught (Benicio del Toro) y Parker (Ryan Philippe) son dos amigos sin dinero, oficio ni suerte que deciden pasarse al lado ilegal de la vida, arriesgarse. Por casualidad, se topan de morros con una rocambolesca historia que les sirve para dar su gran golpe: Una chica llamada Robin (Juliette Lewis) gesta el niño de unos millonarios que no pretenden molestarse en soportar el embarazo para tener un hijo. Sumen a esta pequeña ecuación de dos factores el título de la película y averiguarán el argumento.

Por supuesto, la historia se complica, joder, tiene que durar dos horas, de manera que se insuflan personajes a la misma. Aparece un veterano profesional del oficio, Joe Sarno (O James Caan, más conocido como Sonny Corleone), dos guardaespaldas conspiradores (Taye Diggs y Nicky Katt) y la acción se traslada de la ciudad donde comienza al desierto mexicano.

Bueno, diseccionemos que tenemos para rato. El film posee una dirección decente (Bien se nota la mano que mecia “Sospechosos Habituales” en la persecución por el centro de la ciudad entre callejones), una fotografia aceptable, con una puesta en escena sin pegas, pero un guión que se queda corto. ¿Como se queda corto un guión? Pues teniendo demasiadas subtramas desdibujadas a lo largo de la historia principal, todos los personajes, si bien conversan decentemente (los diálogos no son para retorcer el cuello a McQuarrie) son práctica y totalmente planos, puro estereotipo. Son incontables la cantidad de alicientes y de posibles dimensiones que podrian haber adquirido los personajes (El médico, Joe Sarno, el millonario, los guarda espaldas… y decenas más, no sigo porque develaria la trama) sin que el guión las cierre. No que cierre las subtramas, ¡sino si quiera las desarrolle un poquito! Para dar carisma y pasado a unos personajes no vale solo con mencionar un acontecimiento pretérito que el espectador no conoce, ni meter dos escenitas con calzador, hay que hacer más.

El guión de esta película podria definir un plano con tomar como referencia una recta y dos actores, sin embargo, ha sido muy curiosa la extraña sensación de dejá vu que me asaltó en la parte final del filme, en pleno desierto Mexicano… estuve repasando esas últimas escenas, y no puedo evitar percibir un enorme parecido (si no rendido homenaje) a Grupo Salvaje (Wild Bunch) tal vez la mejor película de ese maestro llamado Peckinpah. Una vez superadas estas escenas y tras los créditos, fuí estableciendo relaciones entre los personajes aparecidos en pantalla durante la película y el peculiar estilo de este viejo director. Ese marcado laconismo y aspereza en los personajes, de fatalismo indiferente… lo he visto yo en alguna parte, me decia.

No puede ser, me repetia, una cinta que no me ha gustado y que comparte tantas características con este director, es dificil hacerlo tan mal para imitar a Peckinpah y que no me guste… Hasta que he encontrado la solución al por que de mi distanciamiento con esta película y es nada menos la eterna influencia del “bueno/malo Tarantino“. Esto, que parece una gilipollez, no lo es tanto, y me estoy refiriendo a esa tendencia de convertir al protagonista de la historia, que posee unas cualidades de malvado que bien podrian hacerlo el antagonista, en unos tipos graciosos, con una violencia “elegante” y “amigable”. Evidentemente, como todo influenciador, Tarantino lo hace con más empaque, con personajes como el de Samuel L Jackson, o Bruce Willies en Pulp Fiction o a Uma Thurman en Kill Bill. Pero volvamos a la película. Si unimos esta intención de hacer divertidos asesinos con ese pretendido aire al cine color polvo marrón de Peckinpah… Nos sale este cascorro en el que los personajes pasan de ser ridículos a apagadamente heroicos, de situaciones violentas pero simpáticas, a hombres duros en momentos trascendentales.

Pero lo peor de todo, lo que más me repatea, es que esta película surgió en una conversación sobre como Mann rodaba sus tiroteos (Heat, Collateral, Miami Vice) y en esta cinta (Como en Wild Bunch por otra parte) los enfrentamientos armados son una orgia de disparos y de balas desperdiciadas, de agujeros en las paredes, lascas de yeso saltando y armas sin retroceso en una especie de fiesta mayor de fuegos artificiales con mucho, mucho ruido. Algo que en una película de acción no debe faltar, diríase más, pero que no puede compararse a esa sobria, realista y eficiente manera con que Mann rueda los intercambios de disparos.

ARL

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