Más extraño que la ficción

Tras un exámen cabrón y muchas horas de memorizar pequeños datos entre inútiles y curiosos, uno se siente algo vacio, cansado. Exhausto. Hasta los cojones, quiero decir. Y nada mejor que una escapada al cine para eludir preocupaciones y evadirse de la realidad. Ya puestos a ello, me dije, alguna película sencilla, una cinta que no requiera sesudo análisis y permitiese relegar a un negligente olvido todo lo visto tras engullirlo con mayor o menor agrado. Una comedia de consumo rápido, un romance idiota, algo pretendidamente original o una americanada (en el mal sentido de la palabra) que reuniese todo lo anterior. Así que elegí la peli esa de Will Ferrel.

Stranger than Fictión.

De lo que no caí en la cuenta es de que el director de la cinta no es un don nadie, o al menos no desde que realizó “Monster’s Ball” o dirigió a Jhonny Deep en “Descubriendo nunca jamás” y es que Marc Foster puede ser algo novato (4 o 5 películas) pero sabe lo que hace el calvo este, o al menos así a mi me lo parece y consiguió dar completamente la vuelta a un filme del que no esperaba gran cosa.

Bien, el argumento de la película es difícilmente resumible sin evitar los spoilers o destriparla completamente, pero básicamente consiste en un sutil, divertido y surrealista juego literario. El inteligente y logrado guión de Zach Helm comienza mostrando la vida de un aburridísimo inspector de Hacienda, Will Ferrel, al que, de repente, su vida le es narrada, paso a paso por una extraña voz femenina. Solo el la escucha, únicamente narra sus actos y además, lo hace en tercera persona, objetiva, precisa y escalofriantemente omniscente. Lo sabe todo, el número de veces que se cepilla los dientes, los pasos que cuenta hasta llegar al autobús, hasta los descuidados pensamientos que tiene mientras archiva los expedientes en su trabajo entre cifras, números e informes urgentes, en esa clase de oficinas donde un despacho son tres paredes de cartón y todos los cuellos van atados por algo más que una corbata. Le confunde, asusta y compunge como cuenta cada acto que realiza, como relata la atracción repentina que siente por una pastelera anarcosindicalista (juas) encarnada por una encantadora Maggie Gyllenhaal, y continua detallando cada acto común de su vida hasta que de repente, hace una declaración aterrorizadora al hilo de su discurso: “No sospecha que este acto tan sencillo significará su muerte inminente”.

La cinta tras este extraño comienzo va conformando una situación irreal, mágica, atractiva, traspasando los planos, alterando las estructuras usuales en un juego literario. Y me recuerda gratamente a aquel fragmento de la novela (o nivola) de Unamuno: Niebla, en la que el autor mantenia una conversación con su propio personaje, Augusto Pérez. De la misma manera, el personaje de Ferrel, Harold Crick es narrado por una escritora, que redacta su novela (Emma Thompson).

Harold Crick, naturalmente, llegado a ese punto en el que se empieza a jugar con su vida se piensa majareta y busca ayuda acudiendo a un psicólogo que le dice que probablemente es esquizofrénico y más tarde, sospechando que puede estar inmerso en algún tipo de cuento o narración de algún tipo va a ver a un especialista en “teoria literaria” llamado Jules Hilbert (Dustin Hoffman). Jules es un intelectual bastante peculiar, catedrático, conferenciante, escritor y socorrista de la piscina de la universidad que se interesa por el caso de Harold investigando las cualidades del relato de su vida a partir del momento en él que comenzó a escuchar la voz, dilucidando entre otras cosas si es un drama o una comedia.

Con un guión así, es terríblemente fácil caer en lo pedante o en lo facilón, componer algo recargadísimo (esa voz interior con su vocabulario culto) o una comedia romántica de medio pelo (la relación de Will Ferrel con Maggie Gyllenhaal es muy bonita pero no se la cree ni el chico del sonido) y sin embargo Marc Foster consigue mantenerse en un estado completamente distinto, dotando a la película de una doble perspectiva de la que va saltando a retazos en el momento preciso, mostrando un montaje genialmente pensado en el que sin hacer perder el interés en absoluto cambia de perspectiva únicamente en el momento justo, encajando cada pieza del montaje paralelo con sobriedad y eficiencia , no como un complejo cubo de Rubick al estilo de la ópera prima de Nolan, Memento, o uno de esos puzzles corales de Gonzalez Iñárritu con su “triologia del dolor”, sino, sin alterar el tiempo, sin engañar o despistar o confundir al espectador, sin más intención que añadir algo a esa fracción de la película introduce las secuencias, enhebra las escenas y regala esta fantástica cinta.

Yo no se que coño le habran visto a Will Ferrel. Primero Woody Allen con Melinda & Melinda le dio algo de dignidad que perdió irremisiblemente en aquel remake de Embrujadas junto a Nicole Kidman, más tarde toda una serie de peliculillas ejem… de dudosa calidad aún como comedias, como aquella sobre la NASCAR de ridículo título. Y cuando creia que este actor ya solo le hacia gracia a los americanos, que a mi no me iba a decir nada, lo saca este director y me deja angustiado, mmm a ver si va a valer para algo el tipo este.

Como punto negativo (muy negativo) está el final, a mi parecer tremendamente cobarde y tópico, predecible ATENCIÓN: quien no haya visto la película y odie saber el final de novelas y películas, que no siga leyendo, debe terminar el artículo aqui, spoiler de los gordos.

Bien, legado el momento de finalizar la película vamos descubriendo que esa prestigiosa autora solo escribe dramas. Dramas preciosos, pero que finalizan siempre con la irónica y poética muerte del protagonista. Ella por supuesto ajena al infierno psicológico que vive el señor Crick se debate junto a su ayudante (impuesta por la editorial) sobre como matarlo, visitando hospitales puentes con problemas de tráfico y demás turismo inspirador. Paralelamente, Harold Crick descubre que efectivamente es el personaje de una novela, quien es su autora y que probablemente lo vaya a matar, de manera que contacta con ella desesperadamente, dándose el surrealista encuentro entre autor y personaje ya mencionado antes.

Tras hacerse con un ejemplar completo de la novela, Harold se lo entrega al crítico, Hilbert, que lo lee de un tirón, maravillándose de lo que el considera la novela maestra de la autora. Y cuando habla con Harold poco más o menos le convence de que se muera. De que esta autora jamás ha creado algo tan perfecto, y que debe entregar su vida en pos de esa novela.
Esta exhortación a la muerte por amor al arte, y sobre todo la resignada y fascinante aceptación de Harlod a morir tras leer el libro y reconocer, que merece la pena morir en pos de la literatura… Me parecia un final contundente, desgarrador. Incómodo para el espectador, capaz de conmover, de asombrar y de generar sentimientos más o menos profundos e interesantes, un final poético y trascendente.

Pero no, la peli es americana, la autora no lo mata, cambia el libro y el tio vive feliz y contento muchos años tirándose a Maggie Gyllenhaal, aquí se acaba la historia. Chim-púm, punto pelota.
Hay dias en que agradezco haber nacido aqui. En el culo de Europa, pero Europa al fin y al cabo.

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